24 de septiembre de 2018

El verano más frío de todos los tiempos.

5:50h, A.M. Suena el despertador. Primer objetivo del día: salir de la cama en menos de los 2 segundos que tardas en darte cuenta de que, si por ti fuera, no saldrías de la cama. Obligarte a hacer las cosas que te gustan en bucle, porque te gustan. Porque no hacer nada nunca es la mejor opción. ¿Conoces esa sensación de frío infinito, aunque estés sudando? ¿Aunque te abracen? Fiebre emocional. Probablemente, un bloqueo. No sé si auto impuesto: debo haberlo bloqueado. He perdido los mapas que me ayudan a identificar mis emociones. Me cuesta saber qué sentimiento es real y cuál no. Cuando el caos se apodera de un cuerpo (de una mente) todo es volátil, fugaz, y demasiado intenso. A veces explota. No sé explicarlo. Supongo que es una de esas emociones que todos tenemos, pero cuando las tenemos pensamos que somos los únicos que pasan por ello. Cuanto menos, somos los únicos que sentimos las nuestras. O quizás no le pasa a todo el mundo sino sólo a algunos subnormales que nunca saben si piensan demasiado o demasiado poco. Que nunca son capaces de conformarse. Querer siempre más siempre te hará ser mejor, pero también más infeliz: ¿Compensa? Ojalá explotar por fin tan fuerte que todo se vaya lejos; Un claro en el camino, una cuesta abajo para coger velocidad. Ojalá mantenerme fuerte, intacta, capaz. Ojalá el invierno más cálido de todos los tiempos.