22 de noviembre de 2014

(Puñetazos al cristal por escrito en una noche de sábado)

Hoy ni siquiera yo me aguanto.
Necesito un abrazo. 
Ojalá volver a ser tan cobarde como para no ser capaz de reconocerlo, o tan valiente como para no necesitarlo. 
Me he metido en la ducha y he abierto el agua caliente al máximo. No sé si dolía más el calor o la presión. He disfrutado mientras se me enrojecía la piel y he decidido etiquetar a esa sensación como "autolesión sana". Más o menos como escribir, pero no implica pensar. Me gusta. He parado a tiempo, por supuesto. 
Necesito un abrazo. 
Jamás pensé que enlazaría esas dos palabras: necesitar (miedo) y abrazo (debilidad). Debilidad y miedo. Todo lo que nunca jamás quiero ser. Pero sí. 
(Al llegar aquí he roto al llorar. Lo necesitaba. Todos necesitamos hacerlo alguna vez. Llorar y secarse las lágrimas es hacerse mayor. No intentar evitar las emociones es de valientes. Repítetelo delante del espejo las veces que hagan falta. Hasta que te lo creas)
Volvamos al tema. Quizás el error está en la asociación de conceptos. Necesitar no es de cobardes. Cuando te abrazan tú también abrazas. En las relaciones humanas recibes, pero también das. Das. Mentalizate de ello. Recuérdalo incluso en los días que sientas que no puedes ser nada bueno. En los que sientas que nada puede salir bien. En los que te consideres tan, tan insignificante como para no poder cambiar ningún mundo, el de nadie. Días de "ojalá desapareciera y todo esto fuera como si yo nunca hubiese pasado". Seguramente sería así, pero eso nos pasa a todos y no pasa nada. Somos prescindibles y tampoco pasa nada. Sabemos llorar un poco, pero siempre encontramos las fuerzas para sonreír, aunque sólo sea por la suerte que tenemos por el simple hecho de existir: sonríe. 
Me estoy desbordando de emociones. Buenas y malas. Y no quiero frenar, me da miedo frenar. Me da tanto miedo el bloqueo como el naufragio; me asustan las alturas y no ser capaz de salir del agujero. Me da pánico el mundo y me doy pánico yo. 
Una vez confesé que tenía miedo a sentir por si lloraba tanto que no podía evitar ahogarme. Pero joder, sé nadar. S. dice que si conoce a alguien capaz es a mi. Y me lo quiero creer. No mañana, me lo quiero creer hoy.
Supongo que no tenía que haberme permitido el lujo de quedarme encerrada con mis pensamientos, pero es que hoy no me apetecía ser cordial con nadie.