14 de diciembre de 2014

Diciembre.

Quiero irme de este mes, coger todas mis cosas y que empiece a ser febrero. Irme lejos en el tiempo, donde ya todo el miedo quede atrás, meter estabilidad en la maleta y dejar de pensar de más.
Tiemblo. 
Como si hubiese olvidado el vértigo, como si caer ya no me diese tanto miedo o como si más bien supiera que algún día hay que arriesgar para no romper, dejar que el engranaje ceda para seguir avanzando. Estar mejor no siempre es estar bien, más no siempre es suficiente. No creo en los límites  y jamás aprendí a frenar a tiempo. A veces me obligo a querer querer poder, pero no quiero. Me tambaleo y me agarro a manos ajenas, porque mejor ser débil que morir gigante, porque mejor querer y que te quieran que olvidar el significado de uno de los verbos más bonitos del mundo. Busco la parte positiva de empezar a odiar la soledad, de necesitar  alguien o algo, de echar de menos, de dejar de echar de menos sensaciones que estoy volviendo a recordar.
A veces soy feliz y me da miedo. No tener nada para no poder perder nada, estar tan jodido que no puedas ir a peor. Conformismo es aceptar que hay cosas contra las que no puedes luchar; prefiero ser débil que conformista.
Una vez me dijeron que hiciese lo que hiciese no me rindiera nunca. Tengo una "cicatriz" en la muñeca que me recuerda que la valentía vence al miedo y que las heridas no se curan con el tiempo, sino con amor propio. Entender las cosas no significa aceptarlas, pero ayuda a dejarlas ir.
Hoy soy un enigma. Dejad que me entienda, pero no intentéis entenderme.




(Quiero verla ya)