24 de octubre de 2014

No bajes la guardia.

Temblor. 
En mitad de la noche. Aún son las 3:00 A.M. No llueve, no hace frío, no hace calor. Podría decir: perfecto; pero no. Podría serlo, pero siempre queremos más.  Porque podemos. 
Vértigo. 
Sucede cada vez que enciendo el grifo del cuarto de baño. No sé por qué me gusta y me asusta tanto el fluir del agua. Me sujeto a la barandilla antes de saltar, incluso si no salto. Por si tropiezo (y caigo). Me he dejado llevar por la prudencia de caminar con el cuidado de quien teme morir sin haber vivido lo suficiente. Improviso y le echo pulsos a la suerte más de lo que debería, pero los pies siempre de plomo. Para no ceder.
No bajes la guardia. 
Ojalá supiese hacer entender el miedo que me da caer. Una vez alguien lo vio en mis ojos y no quiso preguntar nada más.
Valiente. 
Camino siempre hacia delante. Nunca miro atrás porque atrás soy yo. Mis costuras (ya no voy a utilizar más la palabra cicatrices). Atrás siempre va delante, nos guste o no.
Entended ahora porque no me permito dejar de ver ni cuando cierro los ojos.