16 de octubre de 2018

Caos. Vol. 200 millones.

Frío. Tormenta. Tos. Asfixia. La libertad se convierte en una jaula en cuestión de segundos. Aparecen paredes inexistentes que se juntan hasta que no hay espacio, ni siquiera para mi. Necesito hacerme pequeña, diminuta: callarme la boca, dejar de sentir. Pierdo la percepción de la realidad. Vaivén emocional: ganas de llorar y de gritar, y de reír, y de saltar. De repente todo va mal.  Caes en picado y eres consciente de hasta qué punto tus sentimientos no te pertenecen del todo. Estoy incomunicada de mi.  Sonríe, joder. Deberías ser feliz. Pero, ¿y si no? ¿Por qué no? ¿Por qué siempre ves lo que falta en lugar de lo que tienes?
Me obligo a mirar a mi alrededor. Nunca he sido de tener mucho, pero sí de tener bien. ¿Si soy capaz de disfrutar de las pequeñas cosas de mi día a día, qué es lo que falla? Yo, yo, yo. Invisible. Me vuelvo, me vuelven. En estos momentos en los que no me entiendo, necesito que nadie me mire, que nadie me toque, dejar de existir.
Off.