13 de febrero de 2018

Efecto mariposa.

"Se ha dicho que algo tan pequeño como el aleteo de una mariposa, en última instancia, puede causar un tifón al otro lado del mundo"

Impotencia. Tener la sensación de que las cosas suceden, poco a poco, no avisan. Y casi nadie se da cuenta. Como si de verdad, no importase nada más que lo que hacemos nosotros. Me enerva la falta de irascibilidad de la gente. El no reaccionar. Pasividad. 
Ser visceral es a veces castigo, a veces regalo. Con el tiempo aprendes a disfrutar las alegrías y a utilizar la rabia: canalizarla, convertirla en energía. A veces, no. A veces la rabia o la tristeza te superan. Entonces, no puedes parar de llorar, de romper cosas, de correr, de romper (a ti, o a lo que sea). 
Miras a las personas que miran hacia otro lado. Envidia y asco a partes iguales. No quiero ser así, pero que fácil parece. No te enfades, que es lunes. ¿Y qué más da si es lunes o jueves? Las cosas que molestan no entienden de días de la semana, ni siquiera de cumpleaños. Que algo te moleste, te rabie, te enerve, tampoco implica que vayas a dejar de vivir tu vida, de hacer tus cosas ni de querer a quien(es) sí lo merecen. Pero rabia. Asco. Rabia por la impotencia, por ver el mundo que te rodea, porque aún existan personas que no son capaces de ver que aquí hay brilli brilli, pero también petróleo. Que existe la maldad y que lo que hace un desconocido puede afectarte a ti. Que la suma de pequeñas cosas intrascendentales puede desatar un huracán. Que un huracán débil te puede masacrar si tú no estás fuerte; Que el huracán más fuerte te puede masacrar incluso cuando tú eres de hierro. 
Visceralidad
No te vayas. 
Nunca. 


(Ojalá no convertirme nunca en una de esas personas que no saben tolerar ni gestionar el dolor. Ojalá no bloquear sentimientos. Porque lo bueno de sentir, es que lo que vives, lo sientes real)